NUESTRA HISTORIA

“Una buena lección de manejo es un regalo para toda la vida”

Instrucción Vial empezó a pasar de un sueño a una realidad a principios del 2018, cuando decidí implementar mis conocimientos de manejo y así crear una escuela especialmente para chicas, donde no solo se les enseñe a manejar para pasar una prueba de plantel, sino para que puedan afrontar las calles de hoy en día.

Todo comenzó por mi amor hacia las máquinas para transportarse, desde pequeña recuerdo que pase muy rápido las estapas de bici, patines y patineta, mis papás notaron eso… creo, porque no recuerdo pedir lo que me llevaron a ver un día, en un lugar lleno de cosas a lo que recuerdo

Pero estaba ahí esperandome, un Go-kart negro con rojo, yo tenía maso menos 9 años y ver esa versión de un coche en pequeño me enloquecio!

No recuerdo a mis papás explicarme detalladamente como usarlo, me imagino que fue algo como ahí se prende, ese es el freno, el gas y tenga cuidado Natalia, no quiero accidentes!

Aprendí a dominarlo en horas, le saque el jugo a ese pobre y el me saco a mi felicidad llena de adrenalina, velocidad, caídas y buenos razpones!

No duro mucho el go-kart, era para una persona, mis amig@s y yo estabamos sufriendo una serie de accidentes inesperados muy frecuentes por querer andar varios subidos.

A los meses mi abuelito tuvo la gran idea de decirle a mi mamá que un cuadraciclo podría ser la solución, yo no tenía idea que era eso, pero sabía que iba a ser mejor que el Go-kart, por lo menos en espacio.

Recuerdo a mi mamá ir por mi a la escuela, acercándome al auto voy notando algo extraño atrás, pero ahí venía…. la llamada cuadraciclo, mis ojitos se iluminaron y mi corazón exploto de tal manera, que no habían pasado ni 2 segundos cuando ya mi mente estaba imaginando como una película, todas las cosas que iba hacer con el.

Puedo decir que los mejores momentos de mi niñez fueron gracias a el Go- kart y los cuadraciclos, hasta que en mi adolescencia llegó a mi, el automóvil.

Demasiadas emociones encontradas vienen a mente siempre que recuerdo mi primer auto, por el hecho que me fue dado en un tiempo no muy bueno en mi familia, mis padres se habían separado. Tenía yo 16 años cuando mi papá me empezó a prestar el carro, para encargarme según el de ciertos mandados de la casa y algunas veces trasladarme al colegio. Lo gracioso fue que me lo dió creyendo que por saber manejar cuadraciclo podría con ello como si nada.

Estaba con tanta emoción y adrenalina cuando me lo dió, que no pensé en mencionarle que lo más que había manejado un auto habían sido como 600m con mamí. Pero lo que adquirí en esos pocos metros, según yo en ese momento, era suficiente para poder dominar esa máquina.